La respuesta es sí. De hecho, la calidad de la alimentación influye en la calidad del sueño y viceversa. O dicho de otra manera, no podemos comer bien si no dormimos lo suficiente y no podemos dormir bien si no comemos de forma adecuada. Es decir, si antes de irte a dormir ingieres una cena copiosa, pasarás la noche dando vueltas y, aunque consigas dormirte, el descanso no será el adecuado.

Por otro lado, la falta del sueño provoca hambre y empeora el autocontrol, por lo que será mucho más fácil comer más de la cuenta. ¿Conclusión? Hay que cuidar ambos aspectos.